Esa era otra, cuando no hedía adentro, hedía afuera. Desde la puerta del edificio, uno comenzaba a sentir el malestar. Hasta el ascensor. En el ascensor se meaban los muchachos y pintaban con clavos penes montados sobre ruedas. Era gracioso. Siempre al subir, con el olor a meaos, veía las rayas torpes y el bicho ese, hinchado, sin prepucio, que parecía que iba a volar. La italiana del quinto se hacía la loca. y lo miraba de reojo, moviendo la lengua en su boca cerrada, con regusto.
Adriano Gonzalez león - País Portátil
3 months ago on February 21, 2012 at 05:44pm
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